lunes, 12 de febrero de 2018

Fin de semana largo, días de contemplación interna y externa; estímulos que ayudan a pensar y pensamientos que se convierten en estímulos.
Leyendo los diarios de Henry D. Thoreau de 1840, siento como si mis brazos se hundieran en la tierra fértil que es su mente y me condujeran a través de aquellos bosques. Busco la flora y la fauna que él mismo anotaba y me llena de dicha.
Algunas de ellas son:

Hypericum

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Pycnanthemum Incanum (mental de la montaña)



Lespedeza violacea 

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Azulejos (ave)

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Rana toro

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domingo, 28 de enero de 2018

Fui pájaro


Londres
París
Bruselas

Amsterdam


Fui pájaro y fui buitre. Qué nobleza. Qué entereza. Qué agilidad. Ojalá aún pudiera conservar las alas, y escapar cuando las cosas se ponen feas.
Fui rareza. Y a veces evité algunas miradas. Pero también me sorprendí a mí misma enamorándome de algunos rostros,
                              algunos ojos,
                                                   algunas vestimentas,
                                                                                     algunas arquitecturas,
                                                                                                                        algunas historias antiquísimas que no he podido yo presenciar.
Me enamoré de lo ajeno pero fui fértil en aquella sociedad secreta de lenguas extrañas e imposibles de digerir. No entendía lo que decían, mas era tan bello que el lenguaje ya no dolía.
Y escuchaba un canto detrás de alguna oración, que no cabía en mí tanta felicidad. Quizá me estuvieran preguntando qué deseaba desayunar pero yo sólo escuchaba una voz y una melodía detrás, y sonreía como si me declararan su amor eterno. Sí, acepto, respondía en una castellano intraducible y ellos también sonreían.
Y ahora pienso que quisiera volver a perderme en ciudades ancestrales, con idiomas intraducibles, y podría ser tan fácil sin la necesidad de comunicarme porque el cuerpo habla, y danza cuando el corazón es alma, y el alma es corazón. Quisiera llenarme de alma este corazón, recuerdo haber pensado.
Me hallé cómoda leyendo mapas y calles, caminando por ellas como si hubiese nacido allí mismo. Sentí que mi cápsula de identidad pertenecía a algún sentido superior. Quizá sea sólo un viajero, y quizá yo pertenezca a lo desconocido, a lo impronunciable, a lo intraducible, en fin a todo ello. Sacrificaría el resto de los meses para poder vivir un sólo mes de aquel modo.

sábado, 27 de enero de 2018

Mi viaje al viejo mundo. Bélgica


























Foto: Camino a Bruselas, Bélgica.


Observé desde la ventanilla del tren un paisaje inhóspito otoñal, y lo que al principio se me antojó una cárcel logró convertirse en el significado verdadero de la libertad. Deseé bajarme y correr entre los árboles desnudos y la naturaleza, como un lobo salvaje; deseé perderme en el paisaje hasta olvidar mi humanización, hasta aprenderme el nombre de las constelaciones y memorizar su fecha de defunción; así sabré yo cuándo me toca nacer. Mi identidad dantesca poco me sirvió de ayuda pero al menos pude sentir el aire viciado del rocío a primera hora, cuando el sol se pone y deja de esconderse, cuando las raíces de los árboles tocan el fondo de la Tierra y vuelven a emerger para transmitirnos sus conocimientos. Oh, algo aprendí pero no deberé ser yo quien les cuente aquellas historias; mas sí puedo decirles lo que significa ser SALVAJE... nunca me sentí más culta y más cuerda embadurnada de salvia y veneno ancestral, nunca fui tan feliz siendo tan poco ser humano.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Soy una luna encarcelada





¿Cómo te llegó la fama a vos? Y yo sigo tirada en la inmundicia, sabiéndome alejada de todo lo que soñé de pequeña; poniéndome triste porque ayer un idiota en la peluquería no registró mi presencia hasta que puse un tema de música que llamó su atención. Fue recién ahí que me miró a los ojos de verdad, entornándolos como si estuviese preguntándose de dónde había salido. Más tarde me consolé pensando que parecía un tipo superficial pero no es él quien realmente me puso triste.  Es el sentimiento de sentirme todo el tiempo desencajada, como si el mundo entero hablara una lengua que yo no puedo lograr decodificar. Pienso: actuá normal, no la cagues, no digas esos chistes que sólo en tu mente suenan graciosos pero luego llega el momento y no lo puedo evitar. Es como si aquella que quiere reafirmar mi identidad de la que está en exceso orgullosa saliera a defenderme, como si lo necesitase, como si ya no luciera lo suficientemente idiota. Quiero decir lo que pienso, al fin y al cabo todo aquello que pienso es quien verdaderamente soy pero cuando lo hago es como si todo mi ser se desintegrara y volviera a reagruparse en un personaje totalmente distinto. Ya no soy Lucía-ser-humano, ahora paso a ser un alien. Y a nadie le gustan los aliens.  Y ya dejo de poder comunicarme con los otros. Mi corazón se va encogiendo, mi garganta se cierra, mis ojos se cristalizan. Todo mi entero ser pide a gritos que me aleje. No sé si es que no puedo comunicarme con ciertas personas o es que pasé tanto tiempo en soledad que ya perdí esa gracia humana.

jueves, 7 de diciembre de 2017




Si supiera llorar lo estaría haciendo en este mismo momento porque de verdad siento una tristeza que no cabe en mí. Pero no, lo único que desprendo de mi cuerpo inerte son palabras infinitamente rotas. Pienso que quizá si las expulso podré volver a ser algo completo. Querida, la herencia es tan pesada, tan violenta, que a veces creo que no podré escapar de ella. Mas esta violencia no procede de mis antepasados, viene de mí, de este mismo envase vacío que alguna vez se supo muerto. Bastaba un simple acto para materializar la muerte, y hasta en ello fallé. Hoy pienso que no me hubiese gustado fallar. Es que no soporto tener que volver a cargar con la angustia, y ahora estoy muy cansada como para simplificarla y despreocuparme. Sé que la vida también es felicidad, pero nadie entiende que toda la felicidad del mundo no se compara con el dolor de una simple angustia. Una sola te aniquila. En cambio nadie ha muerto hasta ahora de felicidad.
Es un circuito vicioso, una vez que te has puesto triste es difícil salir de él, porque un momento o recuerdo triste fácilmente sucede al otro y así hasta que ya no recordás por qué estabas triste en principio. Esta sea quizás la definición más apropiada para la depresión. Y lo que la gente tampoco entiende es que salir de ella no es un tema de fortaleza mental. Es algo que va más allá. Tampoco nada tiene que ver con ser inteligente. Estar deprimido no significa ser débil. Al contrario, hay que hacer un gran esfuerzo para no morir. Y esa fuerza que puja desde tu interior es la fortaleza más bella e íntegra que he visto en la vida. Es como un instinto ancestral, como las raíces de un árbol expandiéndose debajo de la tierra en búsqueda del agua. Metafóricamente hablando tu mente está dividida en raíces y cada una de ellas se arrastra hacia la luz, esperando poder absorber un día más de vida. Pero tu alimento no es el oxígeno o el agua, sino motivos insignificantes y pequeños, como poder escuchar esa canción de vuelta, o llegar a ver a tu banda favorita. Y es terriblemente difícil conseguirlo cuando de noche oscurece y sentís cómo el frío va rodeándote, y el vacío va chupando tu salvia. Te vas secando hasta desaparecer.